“Después de la tormenta sale el sol”, es un dicho que –a mi parecer- es bastante cierto. Enmarca a toda una situación o hecho que haya disgustado en algún momento, pero que luego pasa a ser una realidad que alegra o al menos hace olvidar todo lo sucedido.
En ese momento miro todo como si fuera un extraño, sin embargo ese lugar es tan cercano como mi casa, pero nada es tan igual. El ruido se hace sordo, la alegría es imperceptible. Pero ya pasa un momento y todo vuelve a ser normal nuevamente.
Suena el celular. El llamado que nunca te imaginas, ahí estaba esperando por responder un: “cómo estás”. Así, la conversación fluía e iban quedando muchas cosas claras. Tantas imágenes que fueron innecesarias, pero que llegaron de todas formas a mi cabeza. Al momento de colgar nuevamente muchos pensamientos rondaban por mi cabeza. El típico: ¿por qué?; pensar el motivo de la llamada; imaginar si fue de corazón; o tal vez, si alguna fuerza especial o mágica la llevo hacia el teléfono y la motivó a llamarme. La verdad es que no sé, no sabía qué pensar en ese momento. Sin embargo quedé feliz.
Nuevamente -al rato- suena el celular. Ya era mucho, otro de esos llamados que nunca imaginas. Pero ahí estaba otra persona brindando “apoyo”, cuando ni siquiera se era necesario, pero en ese momento no importaba, porque la acción valió demasiado. -¿Cómo estás? -Es impresionante el poder que en mi causa esas dos palabras juntas. En lo personal, una amistad o una pareja que no se pregunte mutuamente eso, no es de verdad.
Pero ahí estaba nuevamente esa palabra, cómo estaba, cómo me sentía luego de tanto alboroto. Y ahí de nuevo diciendo: “bien, y bla bla bla”
Pero el día no terminaba ahí. Al último lo mejor. El llamado más importante, el llamado que a todos les gustaría recibir. Ahí estaba nuevamente. Feliz, recibiendo invitaciones, alegrías, buenas vibras. Pero, nada de esto se compara al sentir su voz solamente.
No queda más que decir que estoy demasiado feliz -para todo aquel que le importe-. Aunque, en realidad, me encantaría seguir recibiendo esas llamadas misteriosas que nunca imaginas que llegan, pero llegan. En fin. Cosas de la vida.
En ese momento miro todo como si fuera un extraño, sin embargo ese lugar es tan cercano como mi casa, pero nada es tan igual. El ruido se hace sordo, la alegría es imperceptible. Pero ya pasa un momento y todo vuelve a ser normal nuevamente.
Suena el celular. El llamado que nunca te imaginas, ahí estaba esperando por responder un: “cómo estás”. Así, la conversación fluía e iban quedando muchas cosas claras. Tantas imágenes que fueron innecesarias, pero que llegaron de todas formas a mi cabeza. Al momento de colgar nuevamente muchos pensamientos rondaban por mi cabeza. El típico: ¿por qué?; pensar el motivo de la llamada; imaginar si fue de corazón; o tal vez, si alguna fuerza especial o mágica la llevo hacia el teléfono y la motivó a llamarme. La verdad es que no sé, no sabía qué pensar en ese momento. Sin embargo quedé feliz.
Nuevamente -al rato- suena el celular. Ya era mucho, otro de esos llamados que nunca imaginas. Pero ahí estaba otra persona brindando “apoyo”, cuando ni siquiera se era necesario, pero en ese momento no importaba, porque la acción valió demasiado. -¿Cómo estás? -Es impresionante el poder que en mi causa esas dos palabras juntas. En lo personal, una amistad o una pareja que no se pregunte mutuamente eso, no es de verdad.
Pero ahí estaba nuevamente esa palabra, cómo estaba, cómo me sentía luego de tanto alboroto. Y ahí de nuevo diciendo: “bien, y bla bla bla”
Pero el día no terminaba ahí. Al último lo mejor. El llamado más importante, el llamado que a todos les gustaría recibir. Ahí estaba nuevamente. Feliz, recibiendo invitaciones, alegrías, buenas vibras. Pero, nada de esto se compara al sentir su voz solamente.
No queda más que decir que estoy demasiado feliz -para todo aquel que le importe-. Aunque, en realidad, me encantaría seguir recibiendo esas llamadas misteriosas que nunca imaginas que llegan, pero llegan. En fin. Cosas de la vida.
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