miércoles, 1 de agosto de 2007

Segundos de locura

Miro el cielo. En las nubes dibujo tu sonrisa y tus ojos. Ellos me miran como esas dos estrellas que están juntas en el firmamento. Tan solo una ilusión que me deja feliz y hace que los minutos pasen y pasen sin darme cuenta lo que estoy haciendo. Embobado fijo mi mirada en cualquier mínimo movimiento, y esto hace que mis ojos cambien su posición.

Pasa un segundo, o dos, qué se yo, y una sonrisa aparece de la nada. Tu voz me habla y me dice que me atreva a hacer todo lo que nunca hice. Ganas de responderle me sobran, pero el miedo a hacer el loco puede más que mis deseos. Así, levemente sus palabras se van perdiendo como esa gaviota en el horizonte.
El poder de la imaginación me está dejando en un estado que nunca antes había sentido. El silencio me gusta, al menos por esta vez. Así puedo disfrutar todo lo bello que me rodea, todo lo que antes no tenía importancia, todo lo que después tampoco lo tendrá, ahora me importa, y lo admiro como nunca.

Nuevamente elevo la mirada, y entre dos nubes apareces otra vez. Tus mejores momentos junto a mi se están reproduciendo como si estuviéramos en el cine viendo la mejor película. Uf! Por un momento olvidé que odio ver películas. Pero como muchas cosas han cambiado en estos segundos, siento que el mejor panorama es ese. Nuestras vidas unidas y grabadas en la mejor cámara que puede existir, nuestra memoria.

Repentinamente desapareces -es algo que suele suceder-, me veo solo en el cielo. Las nubes amenazan con tapar todas las imágenes, pero mis palabras son más fuertes. Te invito a venir, te invito a decir todas las cosas que callaste por miedo, te invito a contarme todo sin tapujos ni censuras. Te invito a decirme todo lo que nunca dijiste, hasta que una nube oscura vuelve a sacarme.

Un llamado termina con toda la calma que en este momento estaba sintiendo. Como si estuviéramos conectados, o si alguna fuerza inexplicable te contara todo lo que pasó por mi cabeza pocos segundos atrás, te armas de valor y decides contarme todo lo que por algún motivo callaste. El no saber qué hacer se apoderaba de mí y reflejado en mis palabras comencé a decir todo lo que callé. La utopía se hacía realidad. En minutos hablamos todo lo que en años silenciamos.

Miro nuevamente hacia el cielo. Sin un motivo lógico me di cuenta que llovió durante días, que tormentas de vientos dejaron el piso mojado y en muy mal estado. Pero al ver nuevamente esas nubes que corren despavoridas hacia el mar, veo que el sol sale. Un nuevo amanecer, un mundo mejor venía hacia mí. Un arcoiris que hace tiempo no veía se reflejaba desde el mar hacia la tierra. El calor hizo que toda la gente saliera de sus refugios a disfrutar de la belleza del lugar. El sentimiento interior hizo que en segundos se acabara todo. Un nuevo paso, la alegría, una alegría que no sé cuánto durará, pero que por ahora quiero disfrutar.

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