Que todo pasa por algo, y que de ese algo se tiene que sacar un lado bueno, es una de las frases que siempre he ocupado, y que por ende siempre he creído.
A pesar de que hay cosas que es mejor olvidar, el problema hay que afrontarlo y resolverlo de la mejor manera.
Así es como mi vida con una pared muy helada se llevaba a cabo, y peor aún. El problema estaba presente y amenazaba con dejar profundas heridas en mi vida. Pero, aunque sabía en lo que estaba, ¿por qué continuaba con esa vida?
La respuesta la tenía yo mismo; confundir una simple compañía con amor estaba dejando estragos graves.
En aquel momento todo era color de rosas, pero pensando fríamente lo sucedido, todo fue siempre negro como el petróleo. Dicen que el rencor es malo desde todos los puntos de vista. Y eso creo, por lo mismo pienso que no lo tengo. Pero es que el solo hecho de recordar todo lo que di, todo lo que tuve que pasar por esa pared, todo lo que dejé por estar presente con ella, y ¿por qué?, por nada. Eso es lo que me deja mal.
Ya no me recrimino por dejar a un lado a mi familia, a mis amigos, y por sobre todo a mis estudios, porque ya está hecho, y nada puede remediarlo, pero de eso se aprende, porque no volveré a hacerlo nunca más, o al menos lo intentaré.
Por lo mismo, hacer breve estos párrafos es la muestra de que todo está superado, porque no vale la pena seguir escribiendo a una pared que nunca me dijo nada. Pero para tener un futuro, hay que vivir un presente libre del pasado.
Eso, lo tengo muy claro.
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