martes, 22 de mayo de 2007

Preguntas, respuestas y ventanas

¿Destino?, ¿coincidencia?, ¿suerte?, o ¿elección?, es la pregunta que me hago siempre al ponerme a pensar, por qué estoy estudiando donde estoy estudiando.
Para muchos estudiar en un centro comercial es lo máximo, para otros estar en un mall no es estudiar. Para mí no es ni lo uno, ni lo otro. Paradójicamente todo comenzó terminando las vacaciones del año 2005, donde en una tarde cualquiera, paseando por Viña del Mar, una joven con polera azul se dirige hacia mí y me dice: “¿Quieres conocer alguna carrera de
Universidad de las Américas?”, ante lo que accedí buscando lo que me interesaba, el periodismo.

Al ver la eficacia y rapidez con que esta gente actuaba, casi sin titubear, y con un tono muy seguro de si mismo, poco a poco me iban entusiasmando con la idea de estudiar en este establecimiento. Así, los papeles en trámites prácticamente no tardaron nada, y ya al otro día pertenecía a esta Universidad, así de rápido.
Ahora, nuevamente la pregunta. ¿Por qué una tarde sin nada que hacer se transformó en una tarde que marcará el comienzo de mi vida profesional?

Muchas veces me han dicho que mientras más se buscan las respuestas para algunas cosas, estas más se demoran en llegar, y que a veces es mejor esperar y que estas lleguen solas.
Esto, de seguro no tendría relevancia si al ingresar me encontrara con gente indiferente, por eso, en lo personal se vuelve más importante al toparme con personas increíbles, que sienten la misma pasión que uno por lo que está haciendo, por encontrarme con verdaderos amigos. Uno, al salir del colegio, viene con una predisposición totalmente distinta a la que al final se consigue. Me explico. Al momento de entrar a la Universidad, mi interés era: Llegar cinco minutos antes de la clase, tomar nota, escuchar todo lo que tenía que aprender e irme a mi hogar. Pero en realidad esto no fue así en ningún momento, por encontrarme con gente tan cálida que con la simple pregunta: “¿Un cigarrito?”, puede cambiar todo una idea que se tenía.

Así comienza mi periplo por este nuevo mundo, el cual tenía muchas ventanas por abrirse. Y así fue, cada ventana que llegaba, era un mundo con muchas más por abrir. Así, conocí hasta la que hoy es mi ventana preferida, una ventana que por más que le caigan litros y litros de agua, nunca va a dejar que se moje mi hogar, una ventana que con sol y con tempestades siempre a mi lado ha estado y estará.

Es cierto que a la Universidad se viene a estudiar, porque acá se está forjando a los futuros profesionales del país, a los jóvenes que más adelante tendrán el poder de la nación, y quizás del mundo. Pero también existe una vida paralela a los estudios, en donde se forjan lazos, en donde surgen amistades, amores, discusiones y conflictos. Esto es Universidad, un universo que va más allá de los estudios.

Sin darme cuenta, mi núcleo de ventanas se había agrandado notablemente. Ya no eran solamente los compañeros de curso, sino que los compañeros de carrera mayores y personas de otras carreras habían ingresado a mi mundo. Así comienza otro camino, un camino de responsabilidad, al representar el nombre de Universidad de las Américas, tanto dentro, como fuera de ella. El Departamento de Asuntos Estudiantiles (DAE) es una especie de centro de alumnos, la cual hace como nexo entre directivos y estudiantes, y ahí estaba yo.

Como en todos lados pasa, ahora no iba a ser la excepción, y llegaron momentos malos, momentos en los cuales nada tenía sentido. En este caso todas las ventanas -excepto una- se cerraron de golpe, y empezó a llover fuerte, muy fuerte, con viento y tormenta. En ese momento no había nada ni nadie que de mí lograra algo, salvo mi ventanita que pretendía mostrarme el camino correcto, el lugar que debía seguir para salir de esta tempestad que azotaba a mi mundo. Y así fue, luego del momento más difícil de mi vida logré ver nuevamente el sol, y las cosas tomaron color y un sentido.

Luego de este oscuro momento, todo prosigue tan normal como siempre. Ventanas nuevas se abren, y otras se cierran, todo para mejor en aquel entonces. Ahí fue donde por casualidad llega la ventana con mejor vista que jamás haya visto. Una ventana que muestra los verdes ojos del campo, la más bella flor de un jardín.

Como ya mencioné, todo continúa tan normal como siempre, un nuevo año, nuevas clases, nuevas ventanas, proyectos que espero lleguen a buen puerto. Todo bien, menos la respuesta a la pregunta, que aún no aparece.

No hay comentarios: